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CRIANZA DEL VINO EN BOTELLA




En esta fase se utilizan botellas bien limpias y tapones de corcho elásticos y resistentes, de una longitud mínima de 44 mm y que no tengan olores y sabores extraños ni poros por donde pudiera salir el líquido.

Una vez llena y bien tapada, la botella se traslada a los botelleros, en las cuevas o calados, donde permanecerá en posición horizontal formando rimas. Los calados son naves subterráneas perfectamente aisladas, que no deben estar sometidas a corrientes de aire ni a cambios bruscos de temperatura. La humedad relativa del aire debe ser siempre superior al 70%.

La botella en posición horizontal provoca que el vino esté en contacto con el corcho, humedeciéndolo y dando lugar a un cierre hermético. El vino que ha evolucionado bien en la crianza en madera, en la botella se afina y se redondea, se pule en el paso de boca y enriquece sus aromas gracias a las sustancias producidas en el ambiente reductor (sin oxígeno) de la botella, adquiriendo una mayor complejidad y elegancia.

Una vez terminada la etapa de botellero, se saca de los calados, se lava la botella de restos de polvo, se colocan las etiquetas y la cápsula y ya puede salir al mercado.

El proceso de crianza en botella puede durar en los grandes vinos aun muchos más años.

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