La
historia de la cepa Carménère es especial. Reconocida como la más compleja de
las uvas a la hora de conseguir su maduración, sufrió como ninguna los efectos
de la filoxera, plaga que afectó entre 1860 y 1870 a Europa y en especial
al Medoc (Francia) de
donde es originaria. Tal fue la magnitud del desastre que los galos, cansados
de las complejidades del Carménère decidieron abandonar su cultivo, con lo que
se pensó, que el Carménère había desaparecido para siempre.
Sin embargo, diez años antes, se habían enviado con destino final Chile algunas cepas de esta uva. Producto de la crisis que se vivía por esos años en Europa, una gran cantidad de enólogos del viejo continente emigró hacia el país sudamericano, dando un vigoroso impulso a la emergente y ya poderosa industria vitivinícola chilena.
No obstante y pese a esta masiva presencia de personal altamente capacitado, el Carménère fue ignorado. ¿La razón? Nadie reparó en su presencia y se planto en compañía de las cepas de Merlot y Cabernet, por lo que por muchos años fue comercializado como estas variedades.




